Sobre el deseo

No vine a este mundo deseando existir en este cuerpo. No deseo amarle. No deseo experimentarle. No deseo sentirle cuando sangra desconsoladamente. Cuando se arrastra en la tierra como un gusano, anhelando ser visto, es cuando menos le deseo.

Cuando menos le deseo es cuando más quisiera haber nacido mandarina en un árbol, ser la espuma sucia del jabón o del mar cuando rompe en la arena, las ondas sonoras de las cuerdas vocales de mi canción favorita, una estrella apagada para volverse a encender, la línea de luz que entra apenas unos segundos en la habitación y luego, oscuridad.

Ya no quiero saber nada del internet, quiero vivir en mi burbuja, y que me duela el corazón solamente cuando en la calle me insulte una señora, llamándome “pinche machorra”, y me aprietes la mano más fuerte. 

Cuando los predicadores de la catedral me digan:

Arrepiéntete

Y yo no me arrepienta.

Quiero que desaparezcan los colonizadores del corazón. Quiero que desaparezcan los colonizadores del corazón. Quiero que desaparezcan…

Quiero verte dormir. Quiero verte dormir en la alfombra y beber jaztea muy frío, pero ya no consumimos azúcar. Eso dicen por ahí. Me acuerdo de mí buscando su mirada, ahora eso está tan lejos. Recuerdo intentarlo… recuerdo todo. 

No recuerdo nada, deseo todo lo que no puedo tener. Hoy estuve leyendo a Leonor Silvestri para escribir un texto que si lo lee seguramente termine por abandonar este mundo por completo, y entre todas esas cosas dijo

Si sirviera para algo arrepentirse, estaría arrepentida. Pero no sirve para nada porque el pasado no existe.

Siempre pienso en Robert Smith escribiendo Disintegration.

Bueno, eso. 

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proxémica para el fin del mundo