proxémica para el fin del mundo
Quisiera un árbol de manzanas, para alimentarte. Si hubieras guardado la semilla de esa honey crisp la haría crecer para ti. En cambio, tengo los bolsillos llenos de semillas de tabachin, esos no dan frutos pero dan la sombra más fresquita en primavera.
Quisiera saber si me puedes ayudar. Quisiera saber qué es lo que está mal.
A veces los aviones se caen, y las carreteras las incendian… los caminos se cierran, eso es lo que intento decirte. Yo soy el que mira desde la ventana del último piso, a ver si te veo pasar, a ver si te veo venir. Alcanzo a ver, desde allí, un intento por no desaparecer, otro intento por permanecer. Y cuando miro hacia adelante, apenas se dibuja el horizonte en mis pupilas.
No espero más que un poco de silencio, una intención, o un deseo. No sé hablarte del futuro ni de adivinaciones, hoy quisiera nada más sentir tu piel muy cerca de la mía, el aliento tibio cuando dices mi nombre. En la pulquería de la otra calle siempre cantan, solo los escucho cuando estoy sola, cuando estoy sola puedo escuchar todo lo que sucede allá afuera.
Recuerdo una canción del verano más triste, recuerdo el día nublado y la lluvia en la ventana. Ella se fue a la guerra y nunca más volvió, entendí que aunque parezca que sí, hay cosas que nunca vuelven. La vista desde esa ventana la tapa el sol de la tarde, y así sucesivamente, una línea infinita de eclipses. La banda que toca en la pulquería me recuerda a una que vi con mi hermano una vez en el Foro Independencia pero estoy seguro que no son ellos… “muérete tú”. Me desespera la gente que te pasa un logotipo en jpg con el fondo negro.
No es el fin del mundo, pero por si acaso lo fuera, hoy quisiera sentir tu piel muy cerquita de la mía.