Sobre la retribución y los malos hábitos

Camino bajo el sol. La calle está obstruida por las gentes, las motos y un montón de medicamentos, y en frente del Santuario unos hombres juegan a la pelota com un perrito. No importa, debo llegar a la oficina, al menos ahí no hace calor. Incluso hace frío por los muros de cantera, supongo.

Llego.

Hago los pendientes, y ahora intento leer un documento de 9 páginas, intento desde hace una hora pero mi cabeza no cede. Tengo mucho miedo de quién pudiera entrar por la puerta principal. De fondo escucho una conversación que me recuerda ese gran pendiente que vengo arrastrando desde hace un año. Me pregunto por qué me aferro tanto a los afectos, es la misma razón por la que tengo tanto miedo ahora mismo.

Quisiera algún día saber decir que no.

Me siento, a veces, como una espía. Quisiera decir, no como Sophie Calle, como una espía de la población. La conversación de fondo me aturde, no me deja estar alerta de las demás conversaciones que podrían apuntar a la raíz de mis temores. Yo me lo busqué, lo entiendo. Pongo mis ojos sobre el documento nuevamente, página 2. Dentro de 40 minutos debo subir al taller, estuve haciendo un libro con todas nuestras fotos. Página 2. Vuelvo a la primera página porque no estoy entendiendo nada. Me revuelve el estómago la ansiedad.

Pasaron 3 horas y no sucedió nada. Nunca sucede nada. Al día siguiente tuve un sueño en el que volvía a la primaria y, por alguna razón, terminaba envuelto en un accidente automovilístico. Tengo un dolor extraño en el pulgar de mi mano derecha.

Camino nuevamente por la explanada del Santuario con el Niño Vaca bajo el brazo, y un bicho enorme se posa sobre una flor amarilla, es tan pesado para ella que se le caen dos pétalos. Llevo prisa porque se me hizo tarde otra vez, así que no me detengo a observarlo.

Me duele el pulgar al escribir esa última sentencia, en el fondo sé que está todo mal con ella.

Ayer no sucedió lo que me tenía, incluso mis amigos aparecieron unos minutos después de cerrar, me mostraron las fotografías que hicieron, hicieron algunas más.

Quisiera erradicar todos los síntomas que me provoca esta preocupación constante por encontrarme con quien temo encontrarme, al doblar la esquina, al volver a casa, al despertar. Pero todavía no descubro cómo.

No importa, tengo que llenar unos formatos para la retribución de no sé quién…

Siguiente
Siguiente