Alguien leyó un poema descalza.

“Tal vez eso es lo más apegado a la vida que dices que quieres vivir. No es el bosque o el campo pero…”

Me dice mi mamá en un mensaje se WhatsApp a las 6 con 9 de la tarde cuando le digo que estoy cansada de buscar. No le digo que llevo días sin dormir, que apenas como y que el dolor de cabeza no se me va. 

Lloro en los brazos de mi novia, lloro en los brazos de mi mamá, lloro en mi escritorio en la oficina.

Hoy. 

Hoy vino esta chica, es poeta, es poeta y escribe poesía. Yo quería ser poeta. –pienso-, yo quería ser poeta. Hace no mucho, hace 10 años tal vez. Ahora me retuerzo un poco en mi silla, sobre mis pies, en las cobijas, cuando escucho a alguien recitar. Ella habla sobre las mujeres que migran. 

Hoy me retuerzo un poco en mi silla porque pienso que yo también tengo que migrar. Quisiera un abrazo de ella, ella que anda descalza, que se pregunta una y otra vez de dónde vienes. Que me llama Mar con su voz suavecita y me regala stickers. Alguien más hizo una broma sobre mi perro muriendo. Ojalá me muera yo –a veces pienso en eso–. Fer tocó su guitarra y me hizo llorar para adentro, para afuera no porque llorar enfrente de los demás es manipulación. O eso me dijeron una  alguna vez que protesté.

“Yo sé que tu me entiendes.”

Así terminó. 

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