Aniquilada

me siento, constantemente, aniquilada ante las miradas pasivas

de quienes suponen imponer sobre mí

una serie de adjetivos y tonalidades

que no me corresponden

"¿cuál es tu nombre?”, me preguntas,

yo te contesto que no tengo nombre,

me dices que quisieras nombrarme,

yo te digo que no deseo un nombre

me siento, constantemente, aniquilada ante ti

que auguras mi destino entre lo inacabado,

pero no tengo ya la paciencia

para lograr conquistar al cascarón de mi cuerpo

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“No deberías”