Quisiera ser horizontal, pero soy vertical.

Exploraciones frecuentes en el parque de las estrellas. De Denise Camacho

Frente al aceleracionismo creciente y la cultura de la productividad, Denise Camacho cultiva una práctica cotidiana de atención expandida y ocio disperso en la búsqueda por sostener otra relación con el tiempo y con el entorno. Entre las rutinas personales y su labor como educadora, regresa de manera constante a su vecino Parque de las Estrellas, —diseñado por Luis Barragán en Jardines del Bosque—, donde sus recorridos se transforman en derivas fenológicas que desplazan la mirada hacia aquello que suele permanecer inadvertido. En este ejercicio afectivo reúne ramas, semillas, hojas, cortezas y otros residuos estacionales, conformando inventarios abiertos que responden al ritmo del parque y a la experiencia del encuentro antes que a una lógica de clasificación o documentación formal.

Los parques y jardines constituyen uno de los pocos espacios urbanos donde todavía es posible suspender, aunque sea de manera momentánea, las exigencias de la vida cotidiana. 

Sin embargo, también participan de una ciudad que privilegia la velocidad sobre la pausa y la circulación sobre la contemplación. Insistir, sostener la mirada, habitar el no saber, volver una y otra vez al mismo lugar, detenerse ante variaciones mínimas o tocar la materia vegetal se convierten para D.C. en ejercicios de atención que interrumpen los ritmos acelerados de la ciudad. Sus saberes sobre lo vivo surgen desde la experiencia directa, el azar y la repetición; una forma de conocimiento atravesada por la sensibilidad, el cuerpo y la disposición a convivir con aquello que todavía no tiene nombre.

Esta acción se plantea como un manifiesto frugal que conserva el rastro de un tiempo compartido con el paisaje y de una práctica sostenida que encuentra en la pausa cíclica una forma de habitar el mundo, al contrario de lo que haría un inventario científico o un documento histórico del entorno. Cada fragmento recolectado atestigua un encuentro irrepetible y una atención ejercida sobre lo infinitesimal. Este archivo de restos e imágenes da forma a un registro anímico compartido, una resistencia íntima desde el uso del tiempo propio y la contemplación frente a la inercia de una cultura que exige velocidad, utilidad y rendimiento incluso en el tiempo destinado al descanso.

    – Mar Rodríguez para la Fotosala MUPAG, agosto 2026.

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