De la polisemia del cuerpo y otros simulacros

El cuerpo constituye el primer paraje de experiencia: el lugar sensible donde se acumulan desplazamientos, afectos y memorias. Lejos de estar condenado a desaparecer por completo, deja huellas en otros cuerpos y en los lugares que habita.

Creemos que la fotografía y otros modos contemporáneos de hacer imágenes no se presentan ya como objetos absolutos ni como vestigios técnicos, sino como materiales vivos que se transforman a sí mismos en cada gesto, en cada soporte y en cada repetición.  Las tecnicalidades frías de la fotografía tradicional se vuelven obsoletas ante la urgencia de buscar otros cuerpos donde la imagen pueda sostenerse, aquí opera como documento, como dispositivo vinculante de nuevas estrategias materiales que retienen lo frágil sin convertirlo en espectáculo.

Contemplamos lo que las manos y los ojos pueden alcanzar; no es la inmediatez ni la velocidad exigida por el mundo lo que determina lo que vale  la pena fotografíar, es la acción consciente de detenerse a mirar con suavidad. Hacer una imagen, hacer muchas imágenes. Repetirse hasta el infinito, y cuando no alcanza, volver a empezar. 

Esta exposición reúne cuerpos de obra que, desde distintos lugares, comparten el impulso de trabajar con lo que la vida deja a su paso —sus delirios, sus cicatrices, sus ritmos— para construir nuevas formas de aparición, como un dispositivo donde la imagen no se fija, se transforma.


   

Siguiente
Siguiente

Matrescencia